El alimento infantil más ecológico, saludable y justo: la leche materna

El alimento infantil más ecológico, saludable y justo: la leche materna

María José López Álvarez

Miles de años de evolución han dotado a los mamíferos, y entre ellos a los humanos, de una estrategia evolutiva de supervivencia extremadamente bien adaptada y específica de especie: la lactancia materna. La práctica de tan antiguo arte de supervivencia se ha visto modificada en el mundo moderno por factores socioeconómicos, con graves consecuencias para el medio ambiente, la salud y la sociedad a nivel mundial.

1. Lactancia materna y medio ambiente

1.1 Composición y elaboración

La leche materna se fabrica en la glándula mamaria por medio de la utilización de nutrientes secuestrados del torrente sanguíneo; es decir, la madre produce la leche para su bebé a partir de lo que come y de las reservas con las que ella misma cuenta en su organismo. El cuerpo selecciona habilidosamente las sustancias con las que sintetiza la leche.

Por contrapartida, la leche artificial suele provenir en su mayor medida de dos fuentes principales: la leche de vaca y la soja. Estos alimentos se ven sometidos a un alto grado de procesamiento en laboratorio para dar lugar a la materia prima de la leche artificial. A esto se le añaden minerales, vitaminas y otros nutrientes, como aceites de coco o girasol.

Por tanto, a nivel de composición, la fabricación de leche artificial supone altos costes para el medio ambiente: tala de bosques para pastoreo y replantaciones de soja, coco, etc., utilización de fertilizantes y pesticidas de origen químico, transporte de las materias primas al lugar de fabricación, consumo de energía y eliminación de productos de desecho inherentes al procesado.

2. Embalaje, transporte y difusión del producto final

La leche artificial debe someterse a procedimientos de esterilización previos al embalaje. Posteriormente se almacena en latas o contenedores. Finalmente, el producto ha de ser transportado a los puntos de venta, y de allí, al lugar de consumo, ya sea éste el hospital o el hogar. Cada uno de estos eslabones de la cadena cuenta con su propio consumo de recursos y energía, además de producción de desechos.

 

Otro punto a tener en cuenta en esta cadena es la publicidad necesaria para promocionar el producto y poder así competir con otras compañías que trabajan en la misma línea, y llegar así al final de la cadena, el consumidor. Pósters, pegatinas, libretillas y panfletos de información, calendarios, bolígrafos y lapiceros constituyen sólo un puñado del gran abanico de recursos publicitarios de los que las grandes compañías hacen uso.

La leche materna, sin embargo, es 100% ecológica: no hay embalajes, se lleva siempre puesta, lista para cuando haga falta, y no hay que ir al súper a comprarla. Desgraciadamente, en el clima actual es necesario hacer uso de la publicidad para promocionarla. Pero mantengamos este hecho en perspectiva: en el Reino Unido, los productores de leche artificial invierten 20 libras por bebé en la promoción de sus productos, en comparación con los 14 peniques por bebé que gasta el gobierno en promoción de la lactancia materna; a nivel mundial, por cada dólar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) gasta en prevenir las enfermedades causadas por las dietas occidentales, la industria alimentaria invierte más de 500 dólares en la promoción las mismas.

3. Administración del producto

Es necesario disponer de fuentes de energía para el calentamiento y esterilización del agua que ha de mezclarse con la leche artificial (en el caso de la leche en polvo) y de toda la parafernalia asociada (biberones, tetinas, etc.), en cuyo caso también se puede hacer uso de agentes bactericidas químicos.

La leche artificial se suele dar al bebé por medio de biberones y tetinas, fabricados a partir de plásticos de distinto tipo y/o cristal.

Puede haber exceso de leche artificial ya diluida tras una toma que haya que descartar.

Todos estos son recursos que han de extraerse del medio ambiente, con sus concomitantes tasas de contaminación por elaboración, transporte, publicidad, etc.

La leche humana está siempre a la temperatura perfecta (la corporal) sin necesidad de fuentes de energía externas. No se requieren procesos de esterilización y se toma directamente del pecho. No hay exceso de leche a descartar.

4. Amenorrea (falta de menstruación) asociada a la lactancia materna

La ovulación puede tener lugar a partir  de las tres semanas posparto en la mujer no lactante. Sin embargo, la probabilidad de ovulación en la madre amenorreica lactante que amamanta con alta frecuencia es de menos del 1-2%.

Se ha encontrado que el Método de la Amenorrea de la Lactancia (MELA) presenta una eficacia de más del 98% como método anticonceptivo (la tasa del preservativo es del 90%), siempre y cuando el bebé esté recibiendo leche materna única y exclusivamente, sea menor de seis meses y la madre no haya reanudado el ciclo menstrual. Se conocen casos de mujeres que no han vuelto a menstruar hasta después de que el niño/a se ha destetado (años después del nacimiento).

El resultado es una disminución potencial en el uso de métodos anticonceptivos de barrera y hormonales, y de artículos de higiene femenina como compresas, tampones y toallitas, con el concomitante beneficio asociado para el medio ambiente.

2. Lactancia materna y salud

2.1 Riesgos derivados de la alimentación con leche artificial

La cantidad de estudios relacionados con la salud y la lactancia materna ha escalado en los últimos años. Muestran en su totalidad que la alimentación con leche artificial conlleva riesgos innecesarios (excepto en el bajo número de casos en los que la lactancia materna está médicamente contraindicada), siendo la lactancia materna la recomendada por organizaciones sanitarias nacionales e internacionales a lo largo y a lo ancho del planeta.

En lo que respecta al bebé, la leche artificial, en comparación con la materna, es menos digestiva, retrasa la eliminación del meconio (primera deposición del bebé cuyo retraso en la eliminación se relaciona con la aparición de ictericia), aumenta la frecuencia de reflujos gastro-esofágicos, el riesgo de infecciones, de enfermedades crónicas (como diabetes, enfermedad celíaca, alergias, esclerosis múltiple, artritis, leucemia infantil y linfoma, hipertensión, etc.) y de obesidad,  y da lugar a un peor desarrollo cognitivo.

En la madre, amamantar reduce el riesgo de hemorragia tras el parto, de anemia, de cáncer uterino y de pecho, de enfermedades cardíacas y de osteoporosis, retrasa la vuelta de la fertilidad y tiene un efecto relajante gracias a la secreción de la hormona prolactina.

El amamantar al bebé contribuye a la relación de apego entre madre e hijo/a, colaborando en la construcción de un vínculo afectivo sano y duradero. Puede contribuir a aminorar los efectos de la depresión posparto. Ayuda a la madre a sentirse segura en su nuevo papel y favorece el correcto desarrollo cognitivo y social del bebé.

2.1 Riesgos derivados del procesado

Los procedimientos de esterilización previos al embalaje arriba mencionados están sujetos a error, como en cualquier otra cadena de producción: se ha dado el caso de enfermedad infantil causada por contaminación bacteriana del producto.

En cuanto a los contenedores, en función del material utilizado, pueden transferir bisfenol A (un compuesto que afecta al sistema hormonal)  en pequeñas cantidades al producto que contienen. También se ha dado el caso de transferencia de tintas u otros compuestos del envase al producto, con la concomitante retirada de lotes enteros del mercado.

2.2 Riesgos asociados al método de administración

La alimentación a través de biberón (ya sea de leche artificial o de leche materna extraída) conlleva riesgos asociados: altera las pautas de respiración y succión normales (como resultado, el niño/a cuenta con menos oxígeno en sangre durante la toma que el amamantado, especialmente problemático en niños prematuros), aumenta la frecuencia en la incidencia de caries y maloclusión dental, con mayor efecto en esta última cuanto más prolongada sea la exposición, e incrementa la incidencia de apnea obstructiva del sueño y de candidiasis oral (infección bucal por un hongo). Además se hace uso de materiales potencialmente cancerígenos en la fabricación de tetinas y chupetes, y existe riesgo de sofocación con partes sueltas de goma.

3. Lactancia materna y aspectos sociales

3.1 Recorte de gastos

La industria de la leche artificial es un gran negocio. Se estima que las ventas mundiales para el año 1981 fueron de 2 billones de dólares (para 1997, el mercado estadounidense de este producto ya generaba estas ganancias por sí mismo). Como en el caso de cualquier otra industria, existe principalmente para el beneficio económico de sus inversores; esto significa recortar gastos en aquellos casos en que se estime oportuno.

Por ejemplo, la elección de las materias primas con las que se sintetiza la leche artificial varía en gran medida, y suele basarse tanto en factores nutricionales como comerciales. Cuando el aceite de maíz incrementó en precio, se comenzó a añadir aceite de soja al de coco y maíz; cuando se dificultó la obtención del arrurruz, el almidón de tapioca y el sirope de maíz sustituyeron a la mezcla de maltosa/sacarosa, dextrinas y almidón de arrurruz que se venía utilizando. Si estos cambios supusieron una mejora nutricional o no, queda aún por dilucidar; lo que sí está claro es que los motivos subyacentes eran puramente comerciales. Así, si el aceite de girasol está caro este año y el de coco más barato en el mercado mundial, el producto más rentable puede ser elegido y mezclado con otros ingredientes para reemplazar al más caro. De hecho, el aceite de coco se usa en gran medida en la fabricación de leche artificial, a pesar de ser tóxico y causar serios problemas en animales de laboratorio y humanos adultos normales.

Otro ejemplo: las leches de continuación (a partir de los 4-6 meses) tienen un exceso de proteínas con respecto a las de inicio (de 0 a 4-6 meses). Las estrategias del campo de la mercadotecnia nos hacen creer que están enriquecidas con proteínas para cubrir las crecientes necesidades del bebé, cuando en realidad los requerimientos proteicos de los niños disminuyen a medida que se desarrollan. ¿Qué se esconde detrás de este hecho? Retirar el exceso proteico es un proceso costoso. Los bebés de mayor edad son capaces de metabolizar el exceso de proteínas mejor que los bebés más pequeños, que podrían enfermar gravemente de estar expuestos a grandes cantidades de este nutriente. Así, las leches de continuación son un buen ejemplo de recorte empresarial de gastos.

3.2 Publicidad

3.2.1 Lenguaje engañoso

El lenguaje es una herramienta muy poderosa y los departamentos de marketing de las empresas de leche artificial son bien conscientes de ello. Así, están haciendo buen uso de la frase “la leche materna es lo mejor para el bebé”. Aunque esta aserción sea cierta y aparentemente inocua, colocar a la leche materna en lo alto de una escala de gradación permite a las compañías situar a sus productos justo por debajo (“quizás no sean óptimos, pero casi; además, seguimos trabajando para que lo sean”). La leche materna contiene células y otros agentes anti-infecciosos, vitaminas, ácidos grasos esenciales, azúcares, grasas y millones de moléculas que ni tan siquiera conocemos, posee características protectoras, inmunes y metabólicas, entre muchas otras, y cambia en función de las necesidades del niño o de la niña en el tiempo, de un pecho a otro, de una mujer a otra, del principio al final de la toma, de la mañana a la noche… Un alimento tan estático y procesado como la leche artificial no puede asemejarse a tan maravilloso fluido: la leche materna es imposible de replicar, tanto ahora como en el futuro. Así, los expertos en lactancia materna alrededor del mundo están haciendo un gran esfuerzo por modificar el lenguaje tan convenientemente adoptado por las empresas de leche artificial, para recalificar a la leche materna como el alimento normal (y no óptimo, aunque lo sea) para el bebé.

 

3.2.2 Protección del consumidor

Según la OMS y La Alianza Mundial pro-Lactancia Materna (WABA, por sus siglas en inglés), la gran mayoría de las mujeres pueden amamantar a sus hijos/as si disponen del apoyo y de las técnicas necesarias. Las prácticas publicitarias socavan la confianza de la madre en su capacidad de dar el pecho a través de trucos sutiles e información incorrecta dirigida a los profesionales de la salud, a las madres y a las familias. El Código Internacional para la Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna (el Código) fue adoptado por la Asamblea Mundial de la Salud en 1981, además de sus subsecuentes resoluciones, como requisito mínimo para paliar los efectos de la publicidad sobre la lactancia materna, protegerla y promoverla. Se trata de recomendaciones que instan a los diferentes países a adoptar medidas para regular la comercialización de leches artificiales de inicio y especiales, de leches de continuación, de agua mineral, zumos o té comercializados como suplementos infantiles, de alimentos complementarios que estén etiquetados para su uso antes de los seis meses de vida (la OMS recomienda lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, y junto con otros alimentos al menos hasta los dos años) y de tetinas y biberones. En especial, el Código prohíbe su publicidad, la oferta de muestras gratuitas, la idealización de la alimentación artificial y la comparación de productos con la leche materna.

En España es de aplicación el Real Decreto 72/1998, que recoge parte de las disposiciones del Código, pero no se aplica a la leche de continuación ni a los biberones ni tetinas. Por tanto, las páginas de la mayoría de las revistas y otros materiales nacionales dirigidos a padres/madres se encuentran repletas de anuncios de los mismos. Como resultado, la protección de la lactancia materna se ve socavada: las compañías promocionan sus leches de inicio a través de la publicidad de las de continuación (el tarro es exactamente igual, sólo cambia el numerito –en lugar de “Leche 1”, pone “Leche 2”, con los números 1 y 2 como representativos de inicio o continuación, respectivamente). De hecho, un estudio reciente llevado a cabo en el Reino Unido encontró que el 60% de los padres/madres interpretaron la publicidad de las leches de continuación como publicidad de leches de inicio. A su vez, el hecho de que los biberones, las tetinas y la leche artificial (ya sea de inicio o continuación) se puedan promocionar da la imagen a la madre y a la sociedad en general de que la lactancia artificial es normal, aceptable, e incluso equiparable a la materna, además de hacer dudar acerca de las capacidades inherentes del cuerpo de la mujer para nutrir a su bebé.

 

Por esta razón, la Red Internacional de Grupos pro-Alimentación Infantil (IBFAN) insta a todos los países a la instauración del Código en su totalidad para la verdadera promoción y protección de la lactancia materna. Sin embargo, la industria sigue presionando para que estas leyes no se implementen. En el caso de España, donde sólo parte del Código se encuentra implementado, se llegan incluso a violar en ocasiones las partes del mismo que sí se encuentran reguladas en el Real Decreto de ley, repartiendo muestras de productos en hospitales o haciendo publicidad de leches de inicio, por ejemplo.

3.3 El caso del mundo empobrecido

Los riesgos para la salud inherentes a la alimentación artificial descritos anteriormente corresponden a la situación en la que se encuentran los países desarrollados. Han de sumarse importantes riesgos adicionales al analizar la situación de los países del Sur Global:

 

-En las Filipinas en 1982, el coste de alimentar a un bebé de forma artificial con el sustituto más barato correspondía al 25% del salario oficial mínimo (el salario es inferior al mínimo en el caso de muchos trabajadores). En Nairobi, correspondía del 46 al 75% de este salario. Consecuencia: la leche artificial suele ser demasiado cara como para utilizarla adecuadamente: las madres se suelen ver obligadas a diluirla, resultando en desnutrición.

-No siempre se dispone de agua limpia y las fuentes de energía necesarias para la esterilización de biberones y tetinas suelen ser escasas. Consecuencia: alta incidencia de infecciones y enfermedades relacionadas con el aparato digestivo, como la diarrea, además de falta de medios para su tratamiento.

-La importación de leche artificial genera deuda externa. En las Filipinas de principios de los 80, casi 90 millones de dólares anuales se destinaban al pago de dicha importación. Consecuencia: empobrecimiento familiar y reducción de los salarios a medida que los gobiernos aumentan los impuestos para pagar la deuda.

Alrededor del 60% de los 10 millones de muertes infantiles que ocurren al año en países en vías de desarrollo podrían prevenirse. De acuerdo con un estudio publicado en el 2003, el incrementar el amamantamiento óptimo (descrito en este estudio como lactancia materna exclusiva durante los primeros seis 6 meses y junto con otros alimentos al menos hasta el año de vida) como medida preventiva podría por sí solo prevenir el 13% de estas muertes –es decir, podría salvar a 1,3 millones de niños al año.

¿Qué está entonces frenando la actuación de organizaciones internacionales al respecto? En opinión de algunos autores, se trata ni más ni menos que de intereses económicos. Los países industrializados proporcionan gran apoyo económico a las agencias internacionales de la salud, y las agencias internacionales no son inmunes a las influencias políticas ni a los conflictos de intereses. Es más, países como los EE.UU. proveen de fondos de ayuda como una forma de influencia sobre las políticas de las naciones más pobres. Se está dando el caso, a su vez, de una incipiente colaboración entre diferentes agencias y corporaciones transnacionales; como ejemplo al respecto, el Global Compact constituye un conjunto de relaciones de alto nivel entre grandes empresas y agencias de las Naciones Unidas, posibilitando el hecho de que los intereses comerciales puedan influenciar las políticas sanitarias mundiales.

Desde la adopción del Código en 1981, sólo unos 20 países se han adherido al mismo (y no completamente, como hemos visto): a grandes rasgos, uno por año. La OMS y UNICEF no han estado nunca involucrados en el seguimiento de la implementación del Código, dejando dicho trabajo a ONGs como IBFAN  y otras. Es sumamente interesante hacerse la pregunta de por qué, a la vista de tanta evidencia científica y social, las organizaciones internacionales encargadas de velar por y guiar las políticas sanitarias mundiales no están haciendo más al respecto.

4. ¿Qué podemos hacer como individuos?

Amamantar a nuestros hijos/as (o apoyar a la madre que amamanta para que se sienta segura en su papel). Así contribuiremos a no dañar al medio ambiente, a criar individuos más sanos física, emocional y psicológicamente, y a no apoyar inintencionadamente la injusticia social.

 

Ahora bien, el amamantar es un arte que se aprende. La cadena se ha roto y en gran parte de los casos ya no podemos buscar información en las madres o las abuelas acerca de las técnicas, los trucos, etc., pues ellas mismas ya no amamantaron a sus hijos/as. Es más, la información disponible puede resultar a veces contradictoria, conflictiva, contraproducente, e incluso culpabilizadora.

¿A quién podemos recurrir entonces? Hay un cuerpo creciente de profesionales de la salud formándose en lactancia materna, los consultores/as en lactancia, acreditados por el Panel Internacional de Examinadores/as de Consultores/as en Lactancia (IBLCE). Como consumidores en los servicios de salud, podemos demandar la presencia de uno de estos consultores/as (conocidos como IBCLCs) cuando necesitemos ayuda o resolución de dudas acerca de la lactancia materna –o solicitar que se acrediten. Son pocos en España por el momento, pero el número va en aumento.

 

Podemos instar a los hospitales a acreditarse como “Amigos de los Niños” y, si decidimos tener un parto hospitalario, intentar dar a luz en uno de estos hospitales (visitar www.ihan.org.es para acceder a una lista de centros acreditados). Esta acreditación es proporcionada por UNICEF y, para ser obtenida, los centros hospitalarios han debido implementar en su totalidad 10 pasos específicos para la promoción y protección de la lactancia materna, entre ellos el no dar a los recién nacidos más que leche materna y la capacitación del personal del centro.

También existen grupos voluntarios de apoyo a la lactancia materna alrededor de toda España. Estos grupos suelen estar formados por madres que han amamantado a sus hijos/as y han recibido una formación específica con respecto a la lactancia materna. En la siguiente página de la Asociación Española de Pediatría se pueden encontrar enlaces a diferentes grupos en España: http://www.aeped.es/lactanciamaterna/enlaces.htm#APOYO. La Liga de la Leche (www.laligadelaleche.es) cuenta con grupos propios en numerosas comunidades autónomas.

 

5. Conclusión

Los costes reales de la alimentación artificial van mucho más allá de lo que sale de nuestro bolsillo: el medio ambiente, la salud y la sociedad en general sufren las consecuencias de dicha práctica. Con el apoyo y los conocimientos adecuados, podemos hacer un cambio individual que culmine con el tiempo en transformación social.

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