Carta de Maribel Permuy López a los asesinos de su hijo Jose Couso

En memoria de Jose Couso…

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Carta de Maribel Permuy López a los asesinos de su hijo
(Miércoles 26 octubre 2005) A petición del suplemento Crónica del periódico El Mundo, Maribel Permuy López, madre de José Couso, ha escrito esta carta a Thomas Gibson, Philip Wolford y Philip de Camp, los militares estadounidenses directamente responsables del asesinato de su hijo y contra quienes va dirigida la querella de la familia en la Audiencia Nacional

«Me da pena pensar en vosotros, siento una inmensa pena. Y no sólo por vosotros. Me estremezco al pensar, por un momento, en vuestras madres. Ellas son madres como yo; mujeres que hemos tenido la bendición de traer vida a este mundo. Mujeres que han luchado, con denuedo, para sacar a sus hijos adelante. Estoy segura de que vuestras madres son así, gente estupenda, madres sacrificadas, que os aman. Que os quieren tanto como yo quiero, a día de hoy, a mi hijo José, al que vosotros asesinasteis.

Pero vuestras madres me dan pena, una profunda pena. Yo soy madre de un chico joven e inocente, que fue asesinado brutalmente mientras realizaba su trabajo, sin hacer daño a nadie. Por el contrario, vuestras madres, son madres de asesinos confesos, de vulgares y abominables Criminales de Guerra. Y esto, tiene que hacer daño.

Mi padre era militar, oficial de alta graduación, lo mismo que mi marido. Sé, de primera mano, lo que es vivir la vocación militar, lo que es servir a una nación. Pero sé también, como mi padre se encargó de inculcarme, del valor del Honor, del respeto al vencido, al enemigo. De la deshonra de los que asesinan a civiles desarmados,… todo esto, también es ser militar, un buen militar, de esos que defienden a su nación, pero que defienden, a la vez, la dignidad y el respeto, base de cualquier nación civilizada.

Vosotros, criminales de guerra, habéis deshonrado vuestro uniforme al asesinar a civiles desarmados. Habéis traspasado las reglas de enfrentamiento, dadas por vuestro propio Ejército, y habéis obedecido órdenes, a sabiendas de que eran injustas. Esas órdenes no deben ser cumplidas, como os enseñaron en las academias militares.Lo sabíais.

Mi hijo hizo bien su trabajo. No era ni un kamikaze, ni un irresponsable.Él amaba su profesión, su compromiso de informar a la sociedad, su responsabilidad ante la verdad. Por eso decidió quedarse en Bagdad, y porque no era ningún loco, trabajó desde el día 7 de abril en el Hotel Palestina, sede de la Prensa Internacional, lugar sobradamente conocido por vuestros mandos.

Y allí le asesinasteis, con sangre fría. No había combates, no había razón alguna. Pero tú, Philip De Camp, autorizaste; tú, Philip Wolford, ordenaste, y tú, Thomas Gibson, disparaste, y los tres sabíais que asesinabais a personas inocentes. Y lo hicisteis.Malditos seáis por esto.

Yo no siento odio. Ya no. La pena que tengo sobrepasa al odio.Pero sí, tengo sed de Justicia, tengo necesidad de veros ante un Tribunal, con todas las garantías, que vosotros no disteis a mi hijo. Que os podáis defender, que sea justo. Pero que sobre vosotros, ASESINOS y CRIMINALES DE GUERRA, caiga todo el peso de la Ley. Y mi más profundo desprecio.

La pena se la regalo a mi hijo, a las madres de Irak o de Estados Unidos, y, sobre todo, a vuestras madres, pues no hay mayor dolor que parir asesinos»

Nota: publicado orginalmente en
http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2005/523/1130018407.html



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